Deuda de EE.UU.: la sombra de 1929 y su impacto en Argentina
Mientras Scott Bessent planea seguir comprando bonos de la deuda de EE.UU., ayer 1 de septiembre Ray Dalio publicó un estudio alertando sobre la crisis de deuda de EE.UU. con una fecha clave el 9 de septiembre
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha adoptado un enfoque cada vez más intervencionista para apuntalar el mercado de bonos estadounidense. A partir del 9 de septiembre, el Tesoro duplicará al menos sus compras de bonos del Tesoro con vencimiento entre 10 y 30 años, de 2.000 millones a 4.000 millones o más por operación. La medida, descrita por inversores de Wall Street como "un simple parche para un problema grave" o "una tirita en una herida de bala", busca frenar la venta masiva de deuda a largo plazo que ha elevado los costos de financiación del gobierno a máximos de varios años. Sin embargo, el repunte inicial de los bonos tras el anuncio se desinfló rápidamente, y los rendimientos volvieron a subir.
Precisamente ayer, 1 de septiembre, el fundador de Bridgewater Associates, Ray Dalio, publicó un extenso análisis en el que advierte que la reciente turbulencia en el mercado de bonos es evidencia de que el problema de la deuda estadounidense está entrando en una "etapa más avanzada". Dalio estima que, si la trayectoria fiscal actual se mantiene, la crisis de deuda de EE.UU. podría estallar en aproximadamente tres años, con un margen de dos años arriba o abajo. Su advertencia es contundente: el país "puede haber pasado el punto de no retorno" y se acerca a una "espiral de muerte".
La fecha del 9 de septiembre se convierte así en un catalizador clave. El Tesoro de EE.UU. sentirá una presión extrema para financiar su deuda, y la decisión de duplicar las recompras de bonos a partir de ese día es vista por Dalio como una señal de que las autoridades ya están sintiendo el peso de un mercado que exige rentabilidades cada vez mayores. El bono del Tesoro a 30 años alcanzó el 5,25% el 1 de septiembre, mientras la deuda pública federal ha superado ya los 40 billones de dólares.
Ante este panorama, algunos analistas están comparando la situación actual con la crisis de 1929. El propio Dalio ha señalado que "2026, como 1929". Las similitudes son inquietantes: el índice S&P 500 CAPE (Shiller PE) ha subido a 40,9 veces, superando el 32,6 de antes del crash de 1929 y acercándose al pico de 44 de la burbuja puntocom. La concentración del mercado es extrema: las diez mayores empresas del S&P 500 representan más del 40% de su valoración total. Al igual que en 1929, hoy presenciamos una revolución tecnológica (la IA) que genera una euforia especulativa comparable a la que produjeron la electricidad y el automóvil en aquella época. La fiebre inversora y el exceso de confianza son paralelos históricos evidentes, con una burbuja de activos que muestra signos de fragilidad.
Sin embargo, también existen diferencias clave que matizan esta comparación. En primer lugar, la naturaleza de la deuda es distinta: en 1929 la mayor parte de la deuda era privada; hoy el problema principal es la deuda pública soberana. En segundo lugar, los mecanismos de intervención son radicalmente diferentes: los bancos centrales modernos disponen de muchas más herramientas monetarias para actuar rápidamente en caso de crisis, algo que la Reserva Federal de 1929 no tenía. En tercer lugar, mientras que en 1929 EE.UU. tenía superávit presupuestario, hoy arrastra un déficit fiscal estructural de 2 billones de dólares anuales (ingresos de 5,5 billones frente a gastos de 7,5 billones). Dalio ha subrayado que la deuda de 1929, ajustada por inflación, era de 322.000 millones de dólares, frente a los 40 billones actuales. El "propietario" de la deuda también ha cambiado: antes era mayoritariamente privada, hoy es pública.
Las consecuencias mundiales de una posible crisis de deuda estadounidense serían devastadoras. Con 40 billones de dólares en deuda, EE.UU. no es solo un problema doméstico: el Tesoro estadounidense es el pilar del sistema financiero global. Una crisis provocaría un aumento de los costos de financiación en todo el mundo, encareciendo hipotecas, préstamos corporativos y la deuda de gobiernos y empresas de otros países. Se aceleraría la transición de un mundo monetario unipolar (dominado por el dólar) a un sistema multipolar. Los mercados emergentes y las economías desarrolladas sufrirían una fuga de capitales y una volatilidad extrema. La confianza en el dólar como activo refugio se erosionaría, y países como Japón, que ya están vendiendo bonos del Tesoro para defender sus propias monedas, podrían desencadenar una reacción en cadena. El oro, que ya cotiza cerca de máximos históricos (4.603 dólares la onza), sería el principal beneficiado, y Dalio recomienda asignar entre un 10% y un 15% de la cartera a este metal.
El escenario que dibuja Dalio no es el de un desplome bursátil instantáneo al estilo de 1929, sino el de una crisis de deuda soberana que se gesta lentamente, un "infarto económico" provocado por el aumento descontrolado del endeudamiento público. La fecha del 9 de septiembre marca el inicio de una nueva fase de intervención estatal en el mercado de bonos, una señal de que el paciente ya no respira por sí solo.
Impacto sobre la economía argentina y su matriz productiva
El canal financiero: el costo de la deuda se dispara
El principal impacto de una crisis de deuda estadounidense sobre Argentina operaría a través del canal financiero. El bono del Tesoro a 10 años funciona como referencia global que establece un piso para el costo de financiamiento en dólares de los mercados emergentes. Con el rendimiento del Treasury a 10 años rondando el 4,74%-4,76% —su nivel más alto desde 2007— y el bono a 30 años superando el 5,33%, el costo de emisión de deuda para Argentina se vuelve prohibitivo.
La ecuación es implacable: el riesgo país argentino se mantiene en el entorno de los 512 puntos básicos, lo que implica que el país debería pagar una tasa cercana al 9,2% para emitir deuda en dólares a 10 años. En la práctica, esto significa que Argentina queda virtualmente excluida de los mercados voluntarios de deuda. Durante gran parte del gobierno de los Kirchner, la tasa de referencia estadounidense era cercana a 0%, lo que permitía endeudamiento emergente por debajo del 4% anual. Ese mundo ya no existe.
El propio Banco Central de la República Argentina ha reconocido en su último Informe de Política Monetaria que el principal riesgo para la economía local es precisamente un shock externo por un endurecimiento abrupto de las condiciones financieras globales, ya sea por movimientos hacia activos refugio o un encarecimiento generalizado de los spreads regionales.
El círculo vicioso de las reservas y el tipo de cambio
La crisis de deuda estadounidense golpea además el corazón del modelo cambiario del gobierno de Javier Milei. La venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense ha encarecido el costo de defender el dólar y ha tensionado las tasas en pesos hasta niveles cercanos al 30%. El dólar mayorista subió a $1.497, su valor más alto desde el 7 de agosto, mientras la demanda de divisas volvió a ganar espesor.
El problema de fondo es estructural: Argentina enfrenta vencimientos de deuda por 18.182 millones de dólares durante 2026 entre capital e intereses, y sus reservas internacionales siguen siendo peligrosamente bajas. En este contexto, una crisis de deuda en EE.UU. que eleve aún más las tasas globales y desencadene una fuga hacia activos refugio podría descarrilar por completo el plan económico.
El canal comercial: el agro en la tormenta
Argentina ha logrado construir un superávit comercial de 13.923 millones de dólares en el primer semestre de 2026, que podría cerrar el año en torno a los 29.000 millones. Este desempeño se apoya fundamentalmente en las exportaciones agropecuarias, especialmente soja, maíz y trigo.
Sin embargo, una crisis de deuda estadounidense afectaría este pilar de varias maneras:
Caída de la demanda global: Una recesión inducida por la crisis de deuda de EE.UU. reduciría la demanda de materias primas a nivel mundial, presionando a la baja los precios de los granos.
Apreciación del dólar: La huida hacia el dólar como activo refugio encarecería las exportaciones argentinas en términos relativos.
Encarecimiento de insumos: La suba del petróleo —que ya ronda los 90 dólares por barril debido al conflicto en Medio Oriente— y de los fertilizantes elevaría los costos de producción agropecuaria.
Paradójicamente, el gobierno argentino eliminó los derechos de exportación para soja, trigo, girasol, maíz y otros productos para generar divisas, una medida que en un contexto de precios bajos podría resultar insuficiente para compensar la pérdida de ingresos.
El impacto sobre la matriz productiva
Más allá del agro, el impacto sobre la matriz productiva argentina sería profundo y regresivo:
Encadenamientos productivos: La industria manufacturera, que depende de insumos importados, vería encarecidos sus costos por la depreciación del peso y la suba de los precios internacionales.
Crédito: Con las tasas en pesos elevadas al 30%, las entidades financieras no tienen incentivo para impulsar el crédito al sector productivo. El crédito se contrae, la inversión se desploma y el empleo formal sigue cayendo.
Morosidad: La morosidad del sector privado, aunque cedió levemente del 7,7% al 7,6%, sigue siendo elevada, y los analistas advierten que podría volver a aumentar ante un escenario de tasas altas y actividad deprimida.
El dilema de la política económica
El gobierno de Javier Milei se enfrenta a un dilema de manual: defender el tipo de cambio o evitar una recesión más profunda. El ministro de Economía, Luis Caputo, construyó durante meses un puente hacia el regreso de Argentina al financiamiento internacional. El problema es que ese puente desemboca ahora en un mundo donde el dinero se volvió mucho más caro.
El Congressional Research Service de EE.UU. ya ha advertido que el programa de Milei podría enfrentarse a un "ingrato dilema: caer en default o ejecutar una fuerte devaluación". La fragilidad cambiaria, la alta dependencia del apoyo externo y los crecientes vencimientos de deuda durante los próximos tres años hacen que el margen de maniobra sea cada vez más estrecho.
Consecuencias sociales
El drama económico tiene un correlato social ineludible. El desempleo, la morosidad, la caída de los salarios y las jubilaciones es un drama que ya padece Argentina. Una crisis externa agravaría esta situación: el ajuste fiscal necesario para cumplir con los compromisos de deuda en un contexto de financiamiento caro profundizaría la recesión, mientras la inflación —que ya ronda el 31,4% anual— podría reactivarse por la depreciación cambiaria y el encarecimiento de los insumos importados.
En definitiva, una crisis de deuda estadounidense no sería para Argentina un fenómeno lejano. Sería un torpedo en la línea de flotación de una economía que, tras años de ajuste, sigue navegando con reservas exiguas, deuda cuantiosa y una matriz productiva que no ha logrado diversificarse para resistir los embates de un mundo que se vuelve más caro, más incierto y menos dispuesto a prestar.
ESTE CONTENIDO ES SOLO INFORMATIVO Y NO OFRECE ASESORAMIENTO DE INVERSION, FINANCIERO NI LEGAL.

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