En el nombre de Dios
Nietzsche dijo: "¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!" No lo dijo como una celebración del ateísmo. Lo dijo como un diagnóstico. El loco de La gaya ciencia grita en el mercado que Dios ha muerto, y nadie se ríe. Lo miran con desconcierto. Porque el problema no es la muerte de Dios: es que nadie se dio cuenta de que el fundamento, de todos los valores occidentales, se había caído y que el vacío que dejaba no lo iba a llenar la razón. Lo llenaron ídolos peores. La nación. La raza. El líder. La clase. La pureza. Durante siglos, las muertes en nombre de Dios han sido incontables. Pero en la mayoría de estos casos, la religión no es la causa del conflicto. Es el lenguaje con el que se legitima. La causa suele ser poder, territorio, recursos o identidad. Pero cuando el poder necesita un fundamento incuestionable, recurre a Dios —o a su sustituto secular, la raza o la nación—. Esta es una lista de algunos de esos casos. No es una li...