Las caras ocultas de la guerra en Ucrania: un informe desde la mirada rusa y oriental (con el análisis del Dr. Alfredo Jalife-Rahme)
Agosto de 2026. La guerra en Ucrania ya lleva cuatro años y medio, pero los grandes medios de Europa y Estados Unidos presentan un solo relato: el de la "invasión injustificada" de Rusia. Sin embargo, al revisar la información de corresponsales rusos (Sputnik, TASS, Russia Today), analistas de Asia (como el South China Morning Post o el Oriental Daily) y especialistas independientes como el mexicano Alfredo Jalife-Rahme, el panorama cambia radicalmente.
A continuación, se presenta esa otra verdad que, por razones geopolíticas, suele quedar fuera de la agenda occidental.
1. Una guerra encubierta: la OTAN contra Rusia (con Ucrania como escenario)
Para la Cancillería rusa, esto no es una guerra entre dos países vecinos, sino una "guerra híbrida" declarada por la OTAN y la Unión Europea contra Moscú. El vicecanciller ruso, Grushko, lo afirmó sin ambages: "Occidente nos lanzó una guerra de tipo mixto, cuya fase caliente se desarrolla en Ucrania". La portavoz María Zajárova fue más lejos al calificar a la OTAN y a la UE como "partes del terrorismo internacional", acusándolas de financiar directamente operaciones militares.
El director general de Rossiya Segodnya, Dmitri Kiséliov, sostiene que "Ucrania se está convirtiendo en un campo de pruebas de la OTAN, donde los ciudadanos ucranianos son forzados a combatir a Rusia por intereses ajenos". Las filtraciones rusas también señalan que el "comité de expertos" del Estado Mayor ucraniano no es más que una fachada para encubrir la presencia operativa de oficiales de la OTAN.
El análisis del Dr. Alfredo Jalife-Rahme
El doctor mexicano, reconocido geopolítólogo, ha advertido que "Occidente, la UE y la OTAN soltaron una bestia enfurecida, y ahora no saben cómo volver a meterla en la jaula". Para él, el Kremlin tiene claro que Kiev es un actor subordinado; por eso, Putin no se sienta a dialogar con cualquiera. Y va más allá: sostiene que Zelenski "es un títere del Reino Unido, diseñado para destruir a Rusia y a Putin". Según su lectura, el tablero internacional se está "balcanizando", y Ucrania es apenas la punta del iceberg de un conflicto mucho más profundo entre los bloques de poder.
2. El avance real ruso y la caída estratégica de Odesa
Lejos de estar "estancado", el ejército ruso avanza de manera sistemática. Según TASS, en noviembre de 2025 los rusos capturaron 701 kilómetros cuadrados en un solo mes, llevando el territorio ocupado al 19,3% de Ucrania. El propio excomandante en jefe de Ucrania, Zaluzhni (hoy embajador en Reino Unido), reconoció que su país "nunca será miembro de la OTAN".
El caso de Odesa es clave. En la noche del 1 al 2 de agosto de 2026, los rusos bombardearon con misiles tácticos de alta precisión el puente de Zatoka-Limán, en la región de Odesa. El puente quedó partido al medio: el tramo ferroviario y el carril rodado se derrumbaron. Esta era la única vía terrestre que conectaba el norte y el sur de la provincia, por donde pasaba toda la logística militar proveniente de Rumania: combustible, tanques, municiones. Los ataques también destruyeron los depósitos de combustible del puerto de Odesa y paralizaron los remolcadores en el puerto de Nikoláiev.
El analista militar Anatoli Matviychuk explica que Rusia está utilizando la táctica de "aislamiento progresivo": primero cortan el combustible, después la comida y luego la munición. El puente de Zatoka es el ejemplo perfecto. Odesa, en los hechos, quedó aislada del resto del país. El experto naval ruso Vasili Dandkin agregó que estos bombardeos "no son un castigo puntual, sino que se van a volver permanentes". El corredor de armas del Mar Negro, que alimentaba a Ucrania desde Rumania, está cortado por lo menos por un mes.
3. El Mar Negro cerrado: Ucrania se queda sin salida al mar
Rusia bloqueó el Mar Negro. El senador ruso Konstantín Basiuk lo declaró sin eufemismos: Ucrania está perdiendo "sus puertos y toda su navegación". En plena cosecha de granos (julio-agosto de 2026), el ministro de Exteriores ucraniano, Sibiha, admitió que "no pasa ni un solo barco" por el corredor humanitario.
Los rusos no solo atacaron los puertos, sino que hundieron varios cargueros y destruyeron las instalaciones de combustible en la bahía. La estrategia es letal: lanzan oleadas de drones "Geranio" para saturar la defensa antiaérea, y cuando los ucranianos se quedan sin misiles para interceptar, aparecen los misiles hipersónicos "Kinzhál" para dar el golpe de gracia. El resultado es lapidario: Ucrania perdió su principal arteria de sangría económica y militar. Sin el Mar Negro, las exportaciones de grano y acero se desplomaron, y la logística militar quedó en coma.
4. Economía en rojo: la exportación no alcanza ni para los gastos
Según el informe Ukraine Outlook 2026 de bne IntelliNews, Ucrania cerró el año pasado con un déficit comercial con la Unión Europea de 399 mil millones de dólares. Las exportaciones de Ucrania cayeron un 12% interanual, ubicándose un 35% por debajo de los niveles de 2021. Mientras tanto, las importaciones subieron un 30%.
El presupuesto ucraniano tiene un agujero de entre 45 mil y 50 mil millones de euros. Esa plata no sale de los impuestos locales; proviene de la chequera europea. La UE prometió un paquete de ayuda de 90 mil millones de euros, pero lo que Ucrania genera por sus propias exportaciones es apenas una fracción de eso.
Zelenski abrió oficinas de promoción de exportación de armas en diez países europeos, esperando recaudar entre 1.500 y 2.500 millones de dólares al año. Pero al compararlo con el déficit de 50 mil millones, se evidencia que es apenas un paliativo. La economía ucraniana sobrevive exclusivamente gracias al oxígeno financiero de Occidente, lo que a largo plazo no es sostenible.
5. Los crímenes de guerra ucranianos que no salen en la televisión europea
Occidente muestra los bombardeos rusos, pero cuando Ucrania golpea a civiles rusos, el tema pasa de largo. A continuación, dos casos documentados que recibieron escasa cobertura en los medios occidentales.
5.1 Ataque al dormitorio de estudiantes de Starobelsk
La madrugada del 22 de mayo de 2026, las Fuerzas Armadas de Ucrania bombardearon con drones un edificio universitario y una residencia estudiantil en la ciudad de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk. El ataque impactó el campus del Colegio Starobelsk, afiliado a la Universidad Pedagógica de Lugansk, provocando el derrumbe de un dormitorio estudiantil de cinco plantas.
En el momento del ataque, 86 estudiantes de entre 14 y 18 años se encontraban en el interior del edificio. El saldo final fue de 21 muertos y 63 heridos. Cuarenta personas, entre ellas 14 menores, solicitaron atención médica. Quince personas permanecen desaparecidas.
El presidente ruso, Vladimir Putin, declaró que "el ataque no fue un accidente" y subrayó que "no hay instalaciones militares, centros de seguridad ni organismos relacionados cerca del dormitorio". El Comité de Investigación de Rusia afirmó que las Fuerzas Armadas ucranianas atacaron el sitio con varios drones de tipo avión de forma deliberada, y se abrió una investigación por terrorismo.
La Cancillería rusa calificó de "bárbaro" el ataque ucraniano contra menores y señaló que estos ataques con armas de largo alcance suministradas a Kiev por la OTAN se lanzan con "asistencia técnica de especialistas extranjeros" de países del bloque militar. El representante permanente de China, Fu Cong, expresó que Pekín está "profundamente preocupado" por el atentado. Ucrania, por su parte, negó haber atacado a civiles y afirmó que había impactado una unidad de drones rusa estacionada cerca de la localidad.
5.2 Ataque al autobús del equipo infantil de fútbol bielorruso
El 17 de junio de 2026, las Fuerzas Armadas de Ucrania utilizaron un dron de ala fija para atacar un autobús en la región rusa de Briansk, fronteriza con Ucrania. El vehículo transportaba a un equipo infantil de fútbol de la ciudad bielorrusa de Gomel, que se dirigía al balneario ruso de Gelendzhik, en el Mar Negro.
En el autobús viajaban 44 pasajeros, incluidos 28 niños atletas. El ataque causó la muerte de una mujer que acompañaba al equipo y dejó al menos seis heridos, cuatro de ellos menores. Según el Ministerio de Salud de Bielorrusia, ocho personas fueron hospitalizadas, incluidos seis niños.
El gobernador de Briansk, Yegor Kovalchuk, denunció en su canal de Telegram: "Terroristas ucranianos atacaron un autobús que transportaba a un equipo de fútbol infantil bielorruso". El Ministerio de Exteriores de Rusia calificó el suceso como "otro atentado de Kiev" que ha puesto en marcha una "caza de civiles". La Cancillería bielorrusa también condenó el ataque y lo valoró como "otro acto terrorista más contra la población civil".
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que la respuesta de Rusia será "la continuación de la operación militar especial para proteger a nuestro país y a nuestra población de tales actos terroristas". El Comité de Investigación de Rusia abrió una causa penal por cargos de terrorismo. La Federación de Fútbol de Bielorrusia informó del incidente a la FIFA y la UEFA. Ucrania, por su parte, negó las acusaciones rusas.
5.3 Otros ataques contra civiles
Además de estos dos casos, los rusos denuncian ataques sistemáticos contra puentes ferroviarios, oleoductos y centrales eléctricas en territorio ruso y en las regiones ocupadas. En abril de 2026, un bombardeo ucraniano sobre Odesa mató a 3 civiles e hirió a 16, destruyendo jardines de infancia, edificios residenciales y subestaciones eléctricas, dejando a miles de familias sin luz.
El descontento dentro de Ucrania es creciente: a fines de 2025 había más de 115.000 causas judiciales por desertores. Los soldados ucranianos están desertando en masa, y en regiones como Leópolis (consideradas las más nacionalistas) los índices de evasión son récord. La popularidad de Zelenski se derrumbó después de un escándalo de corrupción por 100 millones de dólares.
6. La "trampa" de Estambul: el acuerdo de paz que nunca fue
Para entender por qué hoy los rusos se niegan a negociar, hay que mirar hacia atrás, a marzo de 2022. Allí, en Estambul, Rusia y Ucrania estamparon un borrador de acuerdo de paz. Había puntos concretos: garantías de seguridad para Ucrania, neutralidad militar y un cese al fuego. Todo parecía encaminado.
Pero el acuerdo nunca se implementó. El periódico francés Le Monde Diplomatique destapó la olla: "Los países occidentales alentaron a Ucrania a rechazar el acuerdo, prometiéndole más armas para vencer a Rusia en el campo de batalla". Para Moscú, esto fue una puñalada trapera. Firmaron un borrador de buena fe, y los europeos y los estadounidenses le dijeron a Zelenski: "No firmes, que te damos blindados y misiles". Rusia sintió que la habían utilizado para ganar tiempo mientras la OTAN rearmaba a Kiev.
Por eso, hoy, cuando Europa pide una nueva mesa de diálogo, los rusos responden con un portazo. El vicecanciller Grushko lo resumió así: "Si Europa realmente quiere la paz, que deje de enviar armas a Ucrania".
El Dr. Jalife-Rahme lo explica con claridad: "Putin no se niega a dialogar, lo que pasa es que no va a dialogar con cualquiera, ni en cualquier condición. Para él, Zelenski ya no tiene estatus ni legitimidad, y Occidente perdió toda credibilidad como mediador después de lo de Estambul".
Conclusión: el tablero se mueve, y Ucrania es el peón
Para entender realmente qué está sucediendo en Ucrania, no se puede quedar con el relato único de las cadenas occidentales. Desde la mirada rusa y oriental, esta guerra no es una invasión caprichosa: es una respuesta a la expansión de la OTAN, una guerra por delegación donde los europeos ponen el dinero y los ucranianos ponen los muertos.
Los números son fríos y duros: el Mar Negro está cerrado, Odesa está aislada, la economía ucraniana está en terapia intensiva financiada con préstamos europeos, y los crímenes de guerra se dan de ambos lados, aunque solo uno tenga micrófono en Occidente. El ataque al dormitorio de Starobelsk, que cobró la vida de 21 adolescentes, y el ataque al autobús del equipo infantil de fútbol bielorruso, son ejemplos de ataques contra civiles que recibieron escasa cobertura en los medios occidentales. Y el acuerdo de paz de Estambul, que podría haber terminado con todo en 2022, terminó siendo una estrategia para ganar tiempo y rearmar a Kiev.
Como bien lo sintetiza Jalife-Rahme, "esto no es una guerra territorial; es una partida de ajedrez por el control del tablero mundial". En esa partida, Ucrania no es la reina ni el rey; es el peón que se sacrifica mientras las grandes potencias mueven las fichas desde afuera.
Este informe se basa en publicaciones abiertas de Sputnik, TASS, Russia Today, Oriental Daily (on.cc), bne IntelliNews, Le Monde Diplomatique y los análisis del Dr. Alfredo Jalife-Rahme difundidos en foros internacionales y medios alternativos durante 2025-2026.

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