Miente, miente que algo quedará

La mentira que desató una guerra

Las armas de destrucción masiva de Irak nunca existieron. La mentira que justificó la invasión de 2003 dejó más de 100.000 muertos y 4 millones de desplazados.

Por Sandra Sosa para Contrapunto 

Por si alguien cree que Fernando Cerimedo es el padre de la fake news, digamos que él es una versión con más tecnología, pero es un recurso que se usa desde hace mucho tiempo. Le ayudó a los aliados a ganar la guerra contra la Alemania nazi con un operativo de inteligencia que "plantó" documentos falsos: la Operación Mincemeat (1943), en la que el MI5 británico abandonó un cadáver con documentación ficticia frente a las costas de Huelva para engañar a Hitler sobre el lugar del desembarco aliado. Lamentablemente, este es el único ejemplo positivo que puedo dar; en el resto de los casos conocidos se busca moldear la opinión pública sobre algún tema.

Un ejemplo paradigmático y verificado es el caso de las armas de destrucción masiva en Irak, la mentira que justificó una guerra.


La mentira

El 5 de febrero de 2003, el secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU lo que llamó pruebas "irrefutables e innegables" de que Irak poseía armas de destrucción masiva y ocultaba sus programas de armamento. Su presentación, acompañado por altos funcionarios de la CIA, incluyó grabaciones de audio, imágenes satelitales y datos de inteligencia que, según él, demostraban la "evasión y el engaño" de Bagdad.

Sin embargo, la fuente principal de esas "pruebas" era un químico iraquí refugiado en Alemania, conocido con el nombre clave de "Curveball". Su verdadero nombre es Rafid Ahmed Alwan al-Janabi. Este hombre fabricó su historia sobre laboratorios móviles de armas biológicas con un objetivo confeso: provocar la caída del régimen de Saddam Hussein. "Tuve la oportunidad de fabricar algo para derrocar al régimen. Mis hijos y yo estamos orgullosos de eso", declaró años después al diario británico The Guardian.

El engaño no terminó ahí. El llamado "dodgy dossier" (expediente dudoso), un informe del gobierno británico presentado como prueba de la amenaza iraquí, resultó ser en gran parte un plagio. Secciones enteras fueron copiadas de una tesis doctoral y de artículos académicos, presentadas como información de inteligencia actual.


¿Quién estaría detrás?

A diferencia de otros casos donde las especulaciones son la norma, aquí los responsables están claramente identificados. La Administración del presidente George W. Bush, con el respaldo del gobierno británico de Tony Blair, construyó un caso para la guerra basado en información que sabía que era dudosa o directamente falsa.

Las advertencias sobre la falta de fiabilidad de "Curveball" existieron antes de la invasión. El entonces ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, afirmó que transmitió a la CIA las dudas de Berlín sobre el informante dos años antes de la guerra. Fischer acusó al director de la CIA, George Tenet, de mentir al afirmar que desconocía los problemas con la fuente.

Un estudio del Centro para la Integridad Pública estadounidense cuantificó que Bush y altos miembros de su gobierno hicieron 935 declaraciones falsas en los dos años posteriores al 11 de septiembre de 2001, como parte de una "campaña orquestada" para llevar al país a la guerra.


Reflexión final

Las consecuencias de esta mentira fueron devastadoras y perfectamente cuantificables. El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos invadió Irak sin autorización de la ONU. Nunca se encontraron las armas de destrucción masiva. Las investigaciones posteriores confirmaron que Irak había destruido sus principales arsenales y cesado su producción en 1991.

El costo humano fue enorme. Según un informe del Parlamento Europeo, las estimaciones de víctimas civiles oscilan entre 77.757 y 84.705 muertes, mientras que las muertes totales relacionadas con la guerra (civiles y no civiles) se sitúan entre 100.000 y 150.000. A esto se suman 3.880 soldados estadounidenses muertos y más de 4 millones de iraquíes desplazados —2 millones internos y 2 millones refugiados en países vecinos.

La invasión también deterioró gravemente la credibilidad de Estados Unidos y de la ONU. El propio Colin Powell admitió años después que su comparecencia ante el Consejo de Seguridad fue un momento "doloroso" y un "borrón" en su carrera. El Informe Chilcot, publicado en 2016, concluyó que Tony Blair autorizó la invasión con pruebas de inteligencia "no justificadas" y "erróneas".

El caso de las armas de destrucción masiva demuestra que una mentira, repetida con autoridad suficiente, puede desencadenar una guerra. Y lo más preocupante: puede permanecer en los archivos oficiales y en los medios durante años, sembrando dudas incluso después de que la verdad haya sido admitida.

Las noticias falsas no son un fenómeno nuevo, pero su alcance y velocidad actuales las convierten en una amenaza sin precedentes. Según el Foro Económico Mundial, la desinformación impulsada por la inteligencia artificial representa el mayor riesgo global, amenazando democracias, elecciones y la confianza institucional. Estudios recientes vinculan la exposición a desinformación con un aumento del 20-40% en ansiedad y una erosión de la autoeficacia en contextos de crisis.

La defensa ciudadana es consultar varias fuentes, verificar los hechos y desconfiar de las narrativas que apelan a la emoción antes que a la evidencia. La verdad no se impone sola; hay que buscarla.


Fuentes

📰 La confesión de "Curveball"

🏛️ La presentación de Colin Powell ante la ONU

📄 El "dodgy dossier" (expediente dudoso)

🇩🇪 Advertencias de Alemania sobre "Curveball"

📊 Las 935 declaraciones falsas

💔 Consecuencias humanas

🇬🇧 El Informe Chilcot (2016)

🕵️ Operación Mincemeat

🌍 Foro Económico Mundial

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