Por qué quienes venden IA advierten que podría extinguirnos

El negocio del miedo

Por Sandra Sosa para Contrapunto
Ilustración sobre el miedo a la inteligencia artificial
La imagen es ilustrativa y generada con IA

En las últimas semanas, los principales responsables de las compañías de inteligencia artificial han intensificado sus advertencias sobre los peligros de la tecnología que ellos mismos comercializan. Las alertas van desde la filtración de datos privados hasta la extinción de la raza humana. La pregunta inevitable es: ¿qué gana alguien que vende un producto hablando mal de él? Un análisis difundido por la BBC y recogido por diversos medios sostiene que el discurso apocalíptico no es una advertencia neutral, sino una estrategia corporativa deliberada con beneficios muy concretos.

La paradoja es llamativa. Los máximos ejecutivos de las empresas que lideran la carrera de la IA —Sam Altman (OpenAI), Dario Amodei (Anthropic), Demis Hassabis (Google DeepMind)— alternan los anuncios de nuevos productos con declaraciones en las que describen escenarios catastróficos: desde la pérdida de control sobre los sistemas hasta un riesgo real de extinción humana. En paralelo, esas mismas compañías preparan salidas a bolsa que podrían batir récords y multiplican sus inversiones en la tecnología que dicen temer.

Según el análisis difundido por la BBC, detrás de esas declaraciones hay una estrategia estructurada que produce beneficios concretos para quienes las emiten. No se trata solo de hipocresía, sino de un mecanismo con varias funciones claras.


Distraer la mirada de los daños presentes

El núcleo de la crítica es que el enfoque en un apocalipsis futuro desvía la atención de los daños que la IA ya está causando hoy. La profesora Emily M. Bender lo resume como una postura estándar de toda la industria: "Están diciendo 'mira aquí', nunca te fijes en lo que ya está pasando".

Entre esos daños presentes que quedan en un segundo plano figuran la explotación laboral de trabajadores mal pagados que etiquetan datos para entrenar los modelos, la apropiación masiva de propiedad intelectual mediante el scraping de obras de artistas y escritores sin consentimiento, el enorme consumo energético de los centros de datos, la erosión informativa provocada por la inundación de contenido generado por IA y los riesgos psicológicos vinculados al uso de chatbots.

Tobias Osborne, profesor de física teórica, lo sintetiza con dureza: "El apocalipsis no está llegando. En cambio, la distopía ya está aquí".


Inflar el valor bursátil y desactivar la regulación

El análisis recoge la teoría de que el alarmismo —el fear mongering— no es una advertencia desinteresada, sino una herramienta con dos funciones económicas claras.

La primera es inflar el valor bursátil. Exagerar el potencial de la tecnología sirve para impulsar las cotizaciones. No es casual que Anthropic y OpenAI se prepararan para salidas a bolsa que podrían batir récords mientras sus líderes intensificaban las advertencias apocalípticas.

La segunda es desactivar la regulación. El relato fomenta la idea de que "los reguladores deben mantenerse al margen, porque estas empresas de IA son las únicas que pueden detener a los malos y construir la tecnología de forma responsable". Al presentarse como guardianes contra una catástrofe civilizatoria, las tecnológicas buscan ser tratadas como actores de seguridad nacional en lugar de simples proveedores de productos, lo que diluye su responsabilidad legal y fomenta un trato regulatorio preferente.


La creación de una ciudadanía impotente

Shannon Vallor, catedrática de ética de datos e IA en la Universidad de Edimburgo, aporta la dimensión psicológica. Su argumento es que si se presenta la tecnología como algo "casi sobrenatural en su peligro", se genera una sensación de impotencia en la sociedad: "como si la única gente a la que pudiéramos recurrir fueran las propias empresas".

Vallor va más allá y sostiene que "la estrategia ha funcionado": hablar de sus productos como si pudieran acabar con el mundo no ha perjudicado a estas compañías, ni ha limitado su poder. Al contrario, refuerza la idea de que son fuerzas incontrolables ante las que la regulación, la gobernanza o los tribunales parecen instrumentos insuficientes.


La hipocresía como evidencia

Las críticas se ven reforzadas por el historial contradictorio de sus protagonistas. El análisis traza un patrón que califica de marketing basado en el miedo.

En 2019, Dario Amodei —hoy CEO de Anthropic— argumentó, siendo ejecutivo de OpenAI, que GPT-2 era demasiado peligroso para publicarlo. Meses después, lo publicaron igualmente. Sam Altman admitió luego que aquellos temores fueron "equivocados".

El propio Altman ha criticado el "marketing basado en el miedo" de Anthropic. Sin embargo, su narrativa personal de "creé un monstruo" se remonta años atrás, cuando ya afirmaba que la IA "probablemente acabaría provocando el fin del mundo, pero antes nacerían grandes empresas".

El caso más reciente es el del modelo Claude Mythos de Anthropic, presentado en abril de 2026 como demasiado peligroso para liberarlo al público por su capacidad para encontrar vulnerabilidades de ciberseguridad.


Una crítica que no es unánime

Es importante señalar que esta postura crítica no es un consenso absoluto ni siquiera dentro del campo progresista. El análisis de Wired documenta una división real. Mientras el grupo de acción tecnológica de los Socialistas Democráticos de Nueva York sostiene que "el alarmismo y el hype de la IA son la misma historia" que distrae de los daños presentes, otros sectores de la izquierda, alineados con el senador Bernie Sanders, defienden que es posible y necesario abordar simultáneamente los daños actuales y los riesgos existenciales futuros.


Conclusión: la advertencia y el negocio de la mano

En conjunto, la crítica recogida por la BBC no niega que los riesgos existan, sino que cuestiona los motivos y los efectos de quién los enuncia. El discurso apocalíptico, lejos de ser una advertencia desinteresada, funciona como una herramienta que distrae, desregula y revaloriza a las empresas que lo pronuncian.

La pregunta inicial —qué gana alguien que vende un producto hablando mal de él— encuentra así una respuesta incómoda: gana atención, gana margen regulatorio, gana valor de mercado y, sobre todo, gana la posición de único actor capaz de salvar a la humanidad del monstruo que él mismo ha creado. La advertencia y el negocio avanzan de la mano.


Fuentes sobre el negocio del miedo en la IA

Artículo principal de la BBC:

La distracción de los daños reales:

Miedo como táctica comercial y regulatoria:

La creación de una ciudadanía impotente:

La hipocresía como evidencia:

Una crítica que no es unánime:

Cobertura adicional:

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Qué hay detrás del cambio de discurso de Milei y los DNU que firmó?

Deuda de EE.UU.: la sombra de 1929 y su impacto en Argentina

Superinteligencia sin plan B: el 10% de probabilidad de que la IA mate a todos los humanos

Comunicar con responsabilidad también es construir democracia

La nueva caza de brujas: La lista de 'terroristas de izquierda' de EE.UU., el alineamiento de Milei y el cerco a la libertad de expresión

Trump se hunde en las encuestas por la crisis económica y la guerra, mientras despliega una ofensiva sin precedentes para blindar su reelección

Los verdaderos ganadores de la guerra entre EE.UU./Israel e Irán

La primera víctima en una guerra es la verdad

El Tablero Geopolítico del Petróleo del 2026: La Gran Red Energética